
Si eres como la mayoría de la gente, has hecho un propósito para el año nuevo y, como la mayoría de la gente, ya lo has roto. Esta es una historia sobre una resolución personalque no he roto en más de treinta y cinco años.
En agosto de 1988, empecé en mi puesto en la Universidad de Viterbo. Al mismo tiempo, mi esposo, Arturo, me dijo muchas veces que necesitaba empezar un programa de ejercicio. Fue molesto, pero finalmente compré una membresía en la YWCA de La Crosse en una subasta. No costó mucho, así que, si rompía mi propósito de año nuevo, no habría problemas. En enero de 1989, empecé un programa de ejercicio. Pensé que lo rompería en unos meses. Para mi sorpresa, hasta hoy, no lo he roto.
¿Porque no lo he roto? Encontré una clase que me gustó mucho. La clase a la que asistí se llamaba “Apta para la Vida.” Constaba de tres partes: ejercicio aeróbico, ejercicios para las brazos y ejercicios para los otros grupos musculares principales. Todas las partes de la clase iban acompañados de música. La música ha sido un parte importante de mi vida. Creo que bailaba antes de caminar.
Otra cosa importante era el lado social. Había algunas mujeres en la clase que conocía. Nos hicimos mejores amigas. Ellas me ayudan porque si no asisto a una clase, mis amigas me preguntan: “¿Por qué no viniste?” Si no tenía una buena respuesta, me avergonzaba. A medida que fui tomando diferentes clases, hice nuevas amigas. Desde entonces, si no puedo asistir a una sesión, les digo a mis amigas que perderé la siguiente clase.
Mantener un hábito no es posible sin desafíos. Durante los treinta y cinco años, tuve tres desafíos mayores:
Primero: Después de unos años haciendo ejercicio, mi medico me dijo que tenía fibromialgia. Tardó varios años para el diagnostico porque no tenía el síntoma principal, dolor por todo el cuerpo. Se debió a que mi ejercicio produjo endomorfinas. Ahora, tenía que hacer ejercicio, y las clases ya no eran divertida. ¿Qué cambió? No las clases, sino mi actitud. Me decía a mi misma que tenía que cambiar de actitud y las clases volverían a ser divertidas.
Segundo: Tenía artritis en la cadera derecha. Empecé a trabajar con un fisioterapeuta y me dijo que no podía hacer ejercicio aeróbico. Podía nadar o montar bicicleta. Realmente no me gustaron las opciones, pero este cambio no supuso un gran desafío. No quería operarme, pues monté bicicleta durante cuatro años y medio.
Por último: ¡COVID-19! El ultimo reto. No había clases de ejercicio. No me gusta hacer ejercicio sola, pero era necesario. Encontré clases en línea y empecé a hacer ejercicio en la sala de estar. Mi gata, Luna (abreviatura de Lunática o loca en español), me observaba saltar por el salón. Pensaba que yo estaba LOCA. Poco a poco, las clases se reanudaron, primero al aire libre y luego en la YMCA.
¿Por qué comparto? Con un poco de suerte, mi historia te inspirará cuando hagas tu propósito para el año 2027.




































